Síndrome
de Burnout
El síndrome de Burnout fue
declarado en el año 2000 por la Organización Mundial de la Salud como un factor
de riesgo laboral por su capacidad para afectar la calidad de vida, salud
mental e incluso hasta poner en riesgo la vida.
Usualmente se describe como
una forma inadecuada de afrontar el estrés crónico, cuyos rasgos principales
son el agotamiento emocional, la despersonalización y la disminución del
desempeño personal. En Países centroamericanos se han realizado pocos estudios
para determinar la incidencia del síndrome de desgaste en personal médico, los
cuales han contado con muestras pequeñas y han arrojado porcentajes que van
desde el 20% hasta el 70%.
El síndrome de Burnout (SB)
o también conocido como síndrome de desgaste profesional, síndrome de
sobrecarga emocional, síndrome del quemado o síndrome de fatiga en el trabajo
fue declarado, es factor de riesgo laboral, debido a su
capacidad para afectar la calidad de vida, salud mental e incluso hasta poner
en riesgo la vida del individuo que lo sufre. Pero el problema va más allá: un
individuo con SB posiblemente dará un servicio deficiente a los clientes, será
inoperante en sus funciones o tendrá un promedio mayor a lo normal de
ausentismo, exponiendo a la organización a pérdidas económicas y fallos en la
consecución de metas.
Sus síntomas son:
1. Cansancio o agotamiento
emocional: pérdida progresiva de energía, desgaste, fatiga.
2. Despersonalización:
construcción, por parte del sujeto, de una defensa para protegerse de los
sentimientos de impotencia, indefinición y frustración.
3. Abandono de la
realización personal: el trabajo pierde el valor que tenía para el sujeto.
Dichos síntomas se presentan
de forma insidiosa, no súbita, si no paulatina, cíclica, puede repetirse a lo
largo del tiempo, de modo que una persona puede experimentar los tres síntomas
varias veces en diferentes épocas de su vida y en el mismo o en otro trabajo.
Existen varios tipos de
manifestaciones que podemos considerar como signos de alarma o en ocasiones
como parte ya del cuadro clínico en sí como: negación, aislamiento, ansiedad,
miedo o temor, depresión (siendo uno de los más frecuentes en este síndrome y
uno de los síntomas más peligrosos ya que puede llevar al suicidio), ira,
adicciones, cambios de personalidad, culpabilidad y autoinmolación, cargas
excesivas de trabajo, se puede presentar como cambios en los hábitos de higiene
y arreglo personal, cambios en el patrón de alimentación, con pérdida o
ganancia de peso exagerada, pérdida de la memoria y desorganización, dificultad
para concentrarse y puede haber trastornos del sueño.
El síndrome se esquematizó
en cuatro niveles:
Leve: quejas vagas,
cansancio, dificultad para levantarse a la mañana.
Moderado: cinismo,
aislamiento, suspicacia, negativismo.
Grave: enlentecimiento,
automedicación con psicofármacos, ausentismo, aversión, abuso de alcohol o
drogas.
Extremo: aislamiento muy
marcado, colapso, cuadros psiquiátricos, suicidios.
Su Diagnóstico
La prueba más utilizada para
el diagnóstico del síndrome de fatiga en el trabajo es el Maslach Burnout
Inventory: que consta de 22 enunciados y cuestionamientos sobre los
sentimientos y pensamientos en relación con la interacción con el trabajo, los
cuales se valoran en un rango de 6 adjetivos que van de "nunca" a
"diariamente", dependiendo de la frecuencia con la que se experimenta
cada una de las situaciones descritas en los ítems. Dichos enunciados están
diseñados de forma que se evalúen los 3 componentes del SB citados
anteriormente (agotamiento emocional, despersonalización y realización personal
en el trabajo. De hecho, se agrupan en tres sub-escalas, una para cada uno de
los componentes del síndrome del quemado.
Se deben mantener separadas
las puntuaciones de cada sub-escala y no combinarlas en una puntuación única,
porque si se combinaran, no sería posible determinar en cual área es que el
paciente tiene más afección. En cuanto al resultado, tanto el constructor de
quemarse como cada una de sus dimensiones son consideradas como variables
continuas, y las puntuaciones de los sujetos son clasificadas mediante un
sistema de percentiles para cada escala.
Además del MBI, existen
otros instrumentos que permiten evaluar el síndrome de Burnout, varios de ellos
evalúan aspectos diferentes a los 3 componentes clásicos:
El Copenhagen Burnout
Inventory (CBI) valora el desgaste personal, el relacionado al trabajo y el
desgaste relacionado con el cliente
El Oldenburg Burnout
Inventory (OLBI), a diferencia de los anteriores, solo evalúa el agotamiento y
la falta de compromiso con el trabajo
El Cuestionario para la
Evaluación del Síndrome de Quemarse en el Trabajo, esta escala española, a
diferencia de los anteriores, incluye la "ilusión (desilusión progresiva,
pérdida del sentido del trabajo y las expectativas)" como aspecto a
evaluar como parte del SB (19).
Tratamiento y prevención
El tratamiento y su
prevención consisten en estrategias que permitan modificar los sentimientos y
pensamientos referentes a los 3 componentes del SB, algunas de ellas son (1):
1. Proceso personal de
adaptación de las expectativas a la realidad cotidiana.
2. Equilibrio de áreas
vitales: familia, amigos, aficiones, descanso, trabajo
3. Fomento de una buena
atmósfera de equipo: espacios comunes, objetivos comunes.
4. Limitar la agenda laboral.
5. Formación continua dentro
de la jornada laboral.
Conclusiones
El Síndrome de Burnout es
conocida la capacidad que posee de afectar la calidad de vida de los individuos
que lo sufren (inclusive puede provocar suicidio en los casos más graves), por
lo que es vital entenderlo para poder prevenirlo y tratarlo. Debido a sus
consecuencias en el ambiente y en el rendimiento de las organizaciones, la
prevención y tratamiento del SB trascienden lo individual y permiten obtener
beneficios significativos (mayores ingresos económicos, mejor trato al cliente,
menor ausentismo, entre otros) para el centro de trabajo de los individuos
afectados o en riesgo.