Que entendemos por Nación
Preguntando al azar a personas de
a pie en un boulevard que entendían por nación, no fueron más de veinte pero
creo solo seis (6) acertaron de forma muy coloquial pero dieron con la idea.
Una de las obligaciones que tiene FUNDAOLBIS es llevar la formación, la enseñanza
que el Ciudadano y la Ciudadana tengan cultura y sean poseedores de las mismas,
así pues Nación, palabra que proviene del latín y que significa “nacer”, es una
comunidad entre seres humanos con ciertas características culturales
compartidas en un mismo territorio y de allí el Estado. Una nación también es
una concepción política, entendida como el sujeto en el que reside la soberanía
de un Estado.
Por otra parte, el concepto como en
la actualidad lo entendemos nació a fines del siglo XVIII cuando comenzó la
Edad Contemporánea y se empezaron a elaborar las primeras ideologías sobre qué es una nación y cómo tiene lugar en
movimientos políticos. Estos nacen en los períodos de Ilustración (movimiento
de renovación intelectual, cultural, ideológica y política como resultado del
progreso y difusión de las Nuevas Ideas) y, más precisamente, con la Revolución
Francesa y luego la Americana.
No se puede definir una
estructura o características de una nación, es la interpretación de vivencias, experiencias,
conocimientos y signos es una forma de ser estar en un punto del esquema
imaginario de globo terrestre, rodeados de textos, monumentos, obras de arte,
historia que transformamos en fenómenos vivos conformada en una unidad entre
recuerdo, consentimiento y voluntad común del presente de allí gran parte del
sentido del patriotismo. Si bien la nación es una realidad dinámica, tiende a
mostrarse como fija, permanente, inmutable. Esta es una herencia del
historicismo.
La nación es el resultado de una
escritura cotidiana que registra el advenimiento de lo memorable, y los pueblos
“no son simples hechos históricos o parte de un cuerpo político patriótico. Son
también una compleja estrategia retórica de referencia social”. De este modo se
establece una especie de competencia transnacional en la que las naciones
buscan situarse en el mejor puesto del escalafón internacional para así poder
enarbolar la bandera discursiva de la identidad. En base a esto se configura un
lenguaje literario que permite hablar a la memoria y a sus referencias
históricas para así edificar modelos culturales determinados. Asimismo,
mediante estrategias de identificación cultural e interpelación discursiva, la
nación se construye culturalmente como narración en los sujetos inmanentes de
relatos sociales y literarios, creándose una forma de afiliación grupal y
textual.
De todo lo expuesto surge el
nacionalismo que no es únicamente la efervescencia que puede observarse en algunas
comunidades; es también sus posibilidades de liberación suprimidas y sus contradicciones
aún no resueltas. La negación de esa realidad subsiste utópicamente, remitiéndola
a las futuras generaciones.

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