Aquí en Venezuela, en los últimos
quince (15) año se ha vivido a una presión psicológica y económica por nombrar
las dos principales, sin embargo nuestra raza es única ya que vemos desde otros
matices los problemas que nos acongojan. Pero a medida que se ha ido agudizando
la situación noto y el Metro de Caracas es uno de los indicadores de la
sociedad más acertada para dar una estadística y conocer en el estado anímico en
el cual nos encontramos, la especulación vs inflación, el acaparamiento vs escasez
y otros ilícitos como la usura, la estafa (bachaquerismo) de productos esenciales
para la vida, para la manutención la cual estas similitudes de terminología están
llevando a las familias Venezolanas a la confusión, a la desesperanza, a la rabia y decía que el
metro de Caracas es el termómetro para medir toda estas consecuencia de síntomas
debido a la falte de alimentarse.
La mayoría de los habitantes
de este País son Católicos pues creemos en Dios Jesús, con el permiso de otras religiones
estamos apegado a ese ser tan maravilloso que todo lo puede, y que nos guiará a salir de este atolladero; también podemos recomendar
que nos apeguemos a la Resiliencia. Y que es esto, “es la capacidad que tiene
una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir
proyectando el futuro. En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas
permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que el individuo desconocía
hasta el momento”. Los especialistas afirman que está vinculada a la
autoestima, la Resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos
en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. De esta
manera, las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las
adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan
esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.
Y cómo podemos ser más
resilientes: a) La Resiliencia no es una cualidad innata, b) La Resiliencia es
algo que todos podemos desarrollar a lo
largo de la vida, c) las personas resilientes no nacen, se hacen. Y sobre las características
más significativas que aquí puedo brindarle a través de nuestra investigación es
que:
Las personas que practican la Resiliencia:
Son conscientes de sus
potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa
para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben
usarla a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y
habilidades, así como sus limitaciones y defectos. De esta manera pueden
trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y
sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas.
Son creativas. La persona
con una alta capacidad de Resiliencia no se limita a intentar pegar el jarrón
roto, es consciente de que ya nunca a volverá a ser el mismo. El resiliente
hará un mosaico con los trozos rotos, y transformará su experiencia dolorosa en
algo bello o útil. De lo vil, saca lo precioso.
Confían en sus capacidades.
Al ser conscientes de sus potencialidades y limitaciones, las personas
resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Si algo les caracteriza es
que no pierden de vista sus objetivos y se sienten seguras de lo que pueden
lograr. No obstante, también reconocen la importancia del trabajo en equipo y
no se encierran en sí mismas, sino que saben cuándo es necesario pedir ayuda.
Asumen las dificultades como
una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas
situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas resilientes son
capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Estas personas
asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y
crecer. Saben que esos momentos no serán eternos y que su futuro dependerá de
la manera en que reaccionen. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan:
¿qué puedo aprender yo de esto?
Practican el mindfulness o
conciencia plena. Aún sin ser conscientes de esta práctica milenaria, las
personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir
en el aquí y ahora y de tienen una gran capacidad de aceptación. Para estas
personas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad y
zozobra mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y
preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan
e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no
han perdido su capacidad para asombrarse ante la vida.
Ven la vida con objetividad,
pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son muy
objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que tienen a su
alcance y sus metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes
de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse
en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas desarrollan
un optimismo realista, también llamado optimalismo, y están convencidas de que
por muy oscura que se presente su jornada, el día siguiente puede ser mejor.
Se rodean de personas que
tienen una actitud positiva. Las personas que practican la Resiliencia saben
cultivar sus amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que
mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellos que se
comportan como vampiros emocionales. De esta forma, logran crear una sólida red
de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.
No intentan controlar las
situaciones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo
de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se
nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo,
las personas resilientes saben que es imposible controlar todas las
situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos
aunque no tengan el control.
Son flexibles ante los
cambios. A pesar de que las personas resilientes tienen una autoimagen muy
clara y saben perfectamente qué quieren lograr, también tienen la suficiente
flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es
necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a
valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes
iniciales o a una única solución.
Son tenaces en sus
propósitos. El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica
que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su
perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan
contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y
fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda
a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.
Afrontan la adversidad con
humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su
sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de
sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse
optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de
las situaciones.
Buscan la ayuda de los demás
y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso
potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo, para ello, son
conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda
profesional cuando lo necesitan.

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